miércoles, 22 de abril de 2009

ESPÍAS EN LA SOMBRA.

Si has leido "Algo riesgo" de Ken Follett y/o "Juego mortal" de Larry Collins casi has visto la película, pero esta es una historia bien contada, con personajes complejos y mucha tensión hasta el último minuto. Es una historia basada en hechos reales. Casi nada.
En la semana anterior al Día D, un comando del Special Operations Executive integrado por mujeres llega a la Francia ocupada para llevar a cabo una misión de vital importancia: rescatar a un geólogo británico herido interno en un hospital militar alemán, pero todo se complica cuando además les ordenan cargarse a un nazi experto en contraespionaje del servicio de información de las SS.
Cada una de estas mujeres tiene alguna habilidad especial que las ayudará a desempeñar su tarea, pero también arrastran consigo secretos y debilidades que podrían arruinarlo de improviso.
La película refleja con dramatismo el papel de la mujer en un conflicto donde la brutalidad no conocía límites y donde las personas eran manejadas como piezas desechables por uno y otro bando. Mantiene la tensión con gran eficacia y, dejando a un lado que presenta a unos alemanes demasiado torpes y confiados, muestra una ambientación cuidadísima.
El S.O.E. fue un organismo que cumplió con la orden oficiosa de Winston Churchill "Incendiad Europa", enviando a sus agentes a territorio ocupado por el III Reich con la misión de informar y sabotear.
Ha habido muchas leyendas sobre este cuerpo formado por héroes corrientes, pero también ha habido cierta polémica. Ya durante la contienda la O.S.S., M.I.-6 y otros servicios de inteligencia eran reticentes a compartir sus secretos con el S.O.E. porque tenía fama de estar infiltrado por espías del eje. Acabada la contienda, incluso se llegó a criticar el hecho de que esta organización, dentro de la operación Fortaleza, envió agentes a la Francia ocupada a sabiendas de que serían capturados por las SS y la Gestapo, torturados y con toda seguridad, ejecutados. LLegaron a sus destinos creyendo que el desembarco aliado sería en Calais, y sus esfuerzos por evitar confesar fueron un argumento más para engañar a la maquinaria de inteligencia alemana.

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